Bienvenidos a isabeldiegopsicologia.com

logo_id_psico-02Quiero empezar esta nueva aventura con todos vosotros haciendo un pequeño análisis de la psicología, lo que abarca, e intentar llegar a vosotros disminuyendo esos miedos y prejuicios que existen sobre esta profesión. Creo que es una buena manera de empezar, desde el principio ¿no? Aunque sea añadiendo una visión personal, siempre desde un punto de vista de riguroso respeto y aportando información de calidad para quien la reciba. No quiero desvelar muchos secretos sobre lo que voy a abarcar en este rincón que tengo aquí, pero si deciros que desde mi persona trataré de daros información que pueda servir para ver con otros ojos temas actuales o temas que valore como importantes para darlos a conocer. También acepto propuestas de temas que a alguno os pueda parecer interesante.

 Todos los psicólogos tenemos una base en nuestra formación inicial, enfocada a conocer los procesos mentales del ser humano a tres niveles: cognitivos, afectivos y conductuales. Partiendo de esa base, no poseemos capacidad de adivinar nada de las personas, aunque sí que en cierto modo, con entrenamiento y experiencia, podemos “predecir” alguna conducta que prosiga a algún acto, pero no como una predicción exacta y explicando como algo ocurrirá, si no de una forma en la que podemos intuir que ante ciertas circunstancias puede llevar a cabo ciertas acciones. Lo cual no quiere decir que ocurra así, pero la probabilidad en ese sujeto puede ser más alta que en otro.

Aún así en esta profesión tenemos ciertos tópicos que nos rodean, mitos y leyendas que nos dan una mejor o peor fama según quien lo diga, como lo diga y a quien se lo diga.

 Y es que la psicología, como ciencia joven y con un largo camino aún por recorrer, es un campo de batalla para todos nosotros… que si somos “los curas del siglo XXI” afirman algunos, y puede ser porque podemos entender que la gente se nos “confiesa” pero tiene otros fines, no concedemos el perdón (no tampoco tenemos ese poder), que si somos unos “loqueros” (loquero se asigna a quien trata locos, y nosotros tratamos con gente de todo tipo, y la mayoría de las veces no son locos como tal), que si estamos nosotros peor que los pacientes (bueno… pues depende del caso que se nos plantee.. también somos humanos y podemos estar tristes a veces ¿no? Igual ya, si oímos voces… si es un problema…). “El psicólogo es siempre psicoanalista”,  pues no, hay psicólogos que se especializan en esa área y otros tantos que siguen otros modelos de trabajo, que para eso tenemos una amplia variedad de ramas entre las que elegir la que más se adecua a nosotros y nuestro abordaje del trabajo. Así que no somos expertos en sueños y dar respuestas a ellos, a no ser que haya una formación concreta. Otra gran curiosidad de la gente… esa de si somos capaces de hipnotizar a alguien. Pues hay formación especializada, pero no todos los psicólogos tenemos las herramientas para llevarla a cabo, pero quien sabe realizar esta técnica no va sugestionar a la persona de manera que acabe haciendo de gallina o llevando a cabo algún espectáculo similar… se realiza con un fin terapéutico y unos objetivos definidos. Y por último, aunque quedan muchos, ese gran tópico: ¡el psicólogo y los test! ese maravilloso mundo a través del cual si pasamos a la persona algún  test, si es “el de las manchas” mejor, podemos obtener un perfil completo y explícito de la persona que tenemos delante y decir de él cosas que “solo él sabe”, pues tampoco. Los test son técnicas que utilizamos para complementar o ampliar información de algún rasgo o aspecto de la persona que creemos conveniente evaluar para poder clarificar objetivos y realizar hipótesis de trabajo. Cierto es que no es siempre necesario su uso, y que con una buena entrevista y observación podemos tener información suficiente para comenzar a trabajar.

 Con todo esto trato de llegar a un objetivo, el que comprendamos que los psicólogos tienen una función en la sociedad. Al fin y al cabo, si tenemos un catarro vamos al médico, si se nos rompe algo lo llevamos a arreglar, si necesitamos algo lo vamos a buscar… pero ¿por qué cuando nuestro ánimo, interior o nuestro “yo” nos manda señales de que algo no va bien nos cuesta tanto pedir ayuda? En España aún existe un escepticismo sobre acudir al psicólogo, esa falsa creencia de que si vas es porque estás loco… y no es así.

Las personas a lo largo de nuestras vidas pasamos por distintos momentos, vivencias, necesidades… muchas veces somos capaces de manejarlas por nosotros mismos sin que tengan mayor trascendencia, pero otras veces nos surgen dificultades o situaciones que no somos capaces de manejar o afrontar. Incluso a veces una situación ya vivida y resuelta con nuestros propios mecanismos puede volver a surgir y vemos que no somos capaces de afrontarla de nuevo, pues si… esas cosas nos pasan a todos. Y aunque muchos crean que es malo reconocerlo, a veces es bueno pedir ayuda externa para que nos ayude a seguir. Y aquí es donde entra en acción el psicólogo.

El psicólogo no da claves de cómo ser la mejor persona del mundo, ni tiene una solución magistral a los problemas, simplemente hace el camino con quien acude a él, y en base a las necesidades que manifiesta clarifica, guía y propone quien demanda la ayuda, pero no impone soluciones. No va a hacer las cosas por ti, te va a ayudar a hacerlas, a manejar situaciones. Ayuda a la persona en esa fase de cambio, a cumplir esos objetivos, reales y concretos, que se han acordado con el paciente/cliente. Y es que tenemos que trabajar desde la objetividad máxima y no es tarea fácil, muchas veces una solución que nos puede parecer perfecta o nos ha servido en otro caso similar, con esa persona no nos sirve, y el darnos cuenta de ello implica que al realizar nuestra labor prestemos la máxima atención a lo que nos manifiesta, como si el mundo se parase a nuestro alrededor, quien tenemos delante y que ha decidido comenzar un camino de cambio, solución, mejora, toma de decisiones…

 Como humanos inteligentes que somos, nos conocemos y solo uno mismo es capaz de ver que necesidades tiene, que funciona bien y que no. Exteriormente mostramos al mundo lo que queremos que vean de nosotros, vamos dando pistas de cómo somos, pero lo duro es darnos las pistas a nosotros mismos mirando en nuestro interior. Ese trabajo personal implica que seamos capaces de saber que somos, que tenemos y así poder ser lo que deseamos.

 Tratar de mejorarse a sí mismo es empresa que suele dar mejor resultado que tratar de mejorar a los demás. (Noel Clarasó)

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