¿Cómo puedo controlar las rabietas de mi hijo?

Las rabietas en los niños son algo muy habitual en las rutinas diarias de cada mañana. Vas con el tiempo justo para que se vista, desayune y os vayáis al colegio, y justo hay una bronca porque te desafía, se pone a gritar a llorar y a decirte que no le da gana… ¿qué haces tú? Pues empiezas a hacerle amenazas y a gritarle. Resultado: vais tarde, se ha salido con la suya y ya empiezas el día alterado por la bronca matutina. ¿Qué podemos hacer?

rabieta

Lo primero es saber si su enfado es por una razón real de que le pase algo (dolor, malestar, algún problema) o simplemente quiere enredar y llamar nuestra atención. En caso de que sea la segunda, vamos a ver unas pautas que nos pueden servir para reducir esas rabietas y además supondrán un aprendizaje para el niño. Se hará desde el refuerzo, es decir, a través de una recompensa, ajustada, que le motive para no seguir haciéndolo y modifique su comportamiento.

1º) Explicarle al niño qué es lo que queremos exactamente de él y qué cosas no vamos a querer que haga, por ejemplo: Quiero que por la mañana te levantes cuando te avise, para que vayas a desayunar y después te vistas, o le ayudemos en esas cosas si es muy pequeño y aún no puede por sí solo.

2º) Le indicamos qué cosas, que suele hacer, no queremos que haga, tales como llorar, gritar, patalear o cualquier otra cosa que haga y que supongo un problema y lleve a conflicto. Hay que ser muy concretos en ese comportamiento que le decimos que es malo, para que sepa exactamente qué es lo que es lo que no queremos, ya que si le decimos “no quiero que te portes mal” pueden ser muchas cosas y puede sustituir unos gritos por otra forma que tampoco queramos.  Además podemos ponernos con el niño a hacer las cosas para que nos vea y sepa como esperamos que lo haga.

3º) Evitar caer en “exigencias” del niño, si no que seremos nosotros quienes marquemos pautas y recompensas. Por ejemplo, si haces bien levantarte, desayunar y vestirte luego tendrás 10 minutos de tele o escucharemos la música que tú quieres de camino al cole.

Es bueno que exista una pequeña gratificación inmediata tras el buen comportamiento, ya que el niño se verá motivado para mantener y repetirlo. Si es una recompensa para más tarde, puede verse descompensada por otras acciones y dejar de perder su valor.

 

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo” B. Franklin

 

4º) Ser concretos en como lo haremos, por ejemplo, te avisaré 3 veces para cada cosa, si no lo hace no habrá recompensa. Tenemos que evitar entrar en el juego de alterarnos, gritarle o amenazarle, porque entonces estaremos dándole esa atención que busca, y lo que queremos es justo lo contrario, que aprenda que tendrá nuestra atención cuando se comporte correctamente no cuando se comporte mal.

Si el niño no nos hace caso, tenemos que indicarle con frases cortas y directas por ejemplo, “ya te he dicho que quiero que te vistas y sabes cómo, hasta que no lo hagas, no voy” y, evidentemente, no acudir a su demanda hasta que veamos que comienza a hacerlo y entonces ya podremos acudir, lo cual le reforzará y le servirá para ver que cuando está calmado y haciéndolo nosotros vamos. Incluso ahí sería positivo decirle lo bien que lo está haciendo y que eso nos gusta.

5º) Recompensarle con eso que le hemos dicho que iba a obtener si lo hacía correctamente. Es importante que las recompensas estén ajustadas, ya que los niños tienden a pedir cosas a veces algo desorbitadas, y hay que enseñarles a ajustar recompensas a esfuerzos. Se puede establecer un sistema de puntos que se van sumando cada día y poniendo una meta de una recompensa algo mayor para que el niño mantenga cada día su motivación para alcanzar ese algo más.

Esto sirve para que el niño aprenda a controlar sus conductas y aprenda a tolerar la frustración que le produce el no conseguir las cosas que quiere, pero es importante que aprenda que tipo de comportamientos le van a favorecer para obtener cosas y cuales son perjudiciales.

Los niños aprenden rápido y saben cómo pueden obtener las cosas, por eso es bueno que les indiquemos lo que nosotros esperamos de ellos y nos mantengamos firmes y constantes, ya que si unos días ante su buena actitud hay recompensa y otros no, o ante mal comportamiento obtienen lo que quieren “por no escucharle” aprenderá de ello y no conseguiremos nada.

El gratificarle y reconocerle las cosas que hacen bien de manera espontánea también favorece que el niño se esfuerce por portarse bien, y no sentirá que solo nos dirigimos a él para reñirle y/o castigarle.

Los problemas de conducta en el hogar son muy habituales, muchas veces sin querer, estamos haciendo cosas que en vez de hacer que mejore un comportamiento, hacemos que continúe la mala forma.

Isabel Diego. Psicóloga

Publicado en Anden norte 

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