¿cómo se llama lo que tengo?

¿Es depresión? ¿es ansiedad? ¿me estoy volviendo loco? Estas preguntas son muy habituales en consulta… Me he dado cuenta en el tiempo que llevo trabajando de que la gente necesita poner un nombre a lo que le está pasando ¿para qué? Si tiene solución da igual como se llame, de lo que se trata no es de nombrarlo, si no de trabajar para que «esa cosa» deje de formar parte de nuestra vida cotidiana.

Mi respuesta muchas veces es «tienes un mogollón» y ese «mogollón» tenemos que deshacerlo en pequeños montoncitos para que vaya desapareciendo ¿tu lo quieres llamar depresión? vale, como quieras, pero ¿ha desaparecido al ponerle nombre? ¿o ahora estás dándole más vueltas porque «sabes» lo que implica? claro, es que «mi vecina tuvo depresión y no podía ni salir a la calle, ¿eso me va a pasar a mi?»

etiqueta

El etiquetar a las personas creo que no es una buena idea, es mejor explicar lo que les está pasando y porqué y trabajar sobre ello. Existen muchos tipos de ansiedad, depresión, trastornos… y en cada persona evolucionan de una forma diferente, aunque tengan puntos en común, cada persona es un mundo. El que se encuentre dentro de una patología, ponerle un nombre, me sirve a mí para poder diseñar un plan de trabajo, explicarle a la persona qué le esta pasando y llevar a cabo un buen tratamiento.

El peligro que yo veo a las etiquetas es que a veces las personas quieren buscar información sobre «eso que tiene» y lo que hacen es alarmarse más e incluso limitarse, y eso es muy contraproducente.

Cada persona es una circunstancia, unos síntomas, una preocupación, y eso es lo que importa. El trabajar sobre lo único que eres tu, no sobre la etiqueta, es lo que hace que funcionen las cosas.

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